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CON PELOS Y SEÑALES Proyecto Rewilders // Capítulo 1 // España This article is also available in English

Principios de Agosto en la Cordillera Cantábrica, llevamos semanas bajo un sol inclemente. Comenzamos a caminar al amanecer y ascendemos y descendemos hasta que el calor nos arroja extenuados fuera del sendero.

Con el astro en el cenit la vida se detiene, el trino de las aves se desvanece y es sustituido por un chisporroteo que rápidamente va ganando intensidad ¡crisp, crisp, crasp! La retama crepita por doquier dispersando semillas sobre el suelo torrado.

Es la hora de encontrar cobijo, colgar la hamaca entre un par de alisos y nadar sobre aguas cristalinas dejando que la corriente tonificadora arrastre el sudor y, con él, los rigores del último ascenso.

“Progresamos a través de un mosaico de hayedos y brañas, cerros y canchales…”

Conforme avanza la tarde las temperaturas se van suavizando y podemos reiniciar la marcha. Progresamos a través de un mosaico de hayedos y brañas, cerros y canchales; pero lo hacemos lentamente y nos paramos a cada pocos pasos.

Hay huellas en el barro reseco, mechones en el alambre de espino, figuras que se recortan a contraluz…

Las horas pasan entre rastros difusos y siluetas fugaces, hasta que el final del día se anuncia en un cielo saturado con los colores del ocaso. Los buitres planean en dirección a sus escarpados dormideros y nosotros hacemos lo propio, iniciando una última búsqueda, la de un rincón lo suficientemente llano como para levantar campamento.

Apareció a la mañana siguiente y no lo vimos hasta que estábamos literalmente sobre él. Descansaba en medio y medio de la senda y de enorme que era casi nos obstaculizaba el paso. Todavía tibio y con cerezas semidigeridas, el excremento se erigía ante nosotros cual señalítica orgánica, anunciando que por fin, tras cientos de kilómetros, nos adentrábamos en tierra de osos.

Poco a poco otros indicios surgieron en la vegetación, zarpazos en los troncos y ramas quebradas. A pesar de las muy escasas posibilidades de un encuentro y de la todavía más remota probabilidad de ataque, un temor atávico se fue apoderando de nuestros subconscientes. Dormíamos en su territorio, bebíamos el agua de sus fuentes y compartíamos los frutos de sus bosques.

El oso estaba allí y éramos tan conscientes de su presencia como él lo era de la nuestra.

“…por fin, tras cientos de kilómetros, nos adentrábamos en tierra de osos.”

“…las sociedades occidentales nos consideramos intocables.”

Sumergidos en naturaleza, el aislamiento, el sosiego pero también la cautela enfatizan la presencia de cada una de las criaturas que nos rodean; abstrayéndonos completamente, indiferentes a la alarma social que reina tras aquellas sierras, en los pueblos y ciudades infectados por el miedo.

Y es que, ¡qué vulnerables somos y cuánto lo ignoramos! Bastaron unas pocas generaciones amurallados en las ciudades para sentirnos a salvo. Desterrada el hambre, la guerra y las plagas; las sociedades occidentales nos consideramos intocables. Sometida la naturaleza, nos creíamos a parte.

Hasta que las consecuencias arremetieron contra nuestros delirios y la supervivencia de los hombres y mujeres volvió a ser una cuestión del azar y ya no de condición social. De repente recuperamos nuestra condición animal y ello se vio acompañado del mismo terror que hasta ahora profesábamos en las demás especies.

Estas mismas montañas sufrieron dramas tanto más trascendentes que el nuestro. Sus laderas fueron escavadas y los manantiales contaminados, los bosques fueron quemados o talados y sus moradores masacrados con escopetas y lazos y cepos y venenos y…

No, aquí arriba nadie se solidariza con la tragedia humana. Aquí arriba se celebra el que por fin volvamos a sentir.

Desde los pequeños caelíferos hasta los pesados úrsidos, todos esperan expectantes a comprobar si nuestro sufrimiento nos devuelve la humildad, el respeto y la empatía con la que superar los desafíos que enfrentamos como especie, o si por el contrario se acentuarán las conductas que nos condujeron hasta semejante abismo.

De lo que decidamos individual y colectivamente dependerá el futuro común.

UBICACIÓN: CORDILLERA CANTÁBRICA, ESPAÑA, EUROPA
MODALIDAD: BACKPACKING
DISTANCIA: 498 KILÓMETROS
DURACIÓN: 70 DÍAS
GASTO TOTAL: 138,6 €
GASTO POR PERSONA Y DÍA: 0,99 €

x2 cepillos de bambú
Pasta de dientes ecológica
Jabón sólido ecológico
Champú sólido ecológico
Peine
Cortauñas de acero inox
Copa + braguitas menstruales
x2 Pañuelos de tela

Vendajes
Gasas
Esparadrapo
Tiritas
Tiritas de aproximación
Apósitos
Povidona iodada
Bálsamo labial
Amoxicilina
Paracetamol
Penicilina en crema
Guantes de latex
Manta térmica

Prismáticos Opticron
Trípode
Lápiz y libreta
Cartera y documentación
Herramienta multifunción
Hilo y aguja
Pegamento y sellador de costuras

Agnes Soboń

1988, Polonia

Diseño y revelado
  @agnes.sobon

Brais Palmás

1989, España

Narración y fotografía
    @brais.palmas

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